viernes 16 de octubre de 2009

Poesía: Romance en los Puertos Grises

¿Bostezan los Puertos Grises

o sangran rojos desmayos?

No lo sé. Mañana o tarde,

Ellos vienen, cabizbajos.

Ahoga la luz el agua,

Triste partida anunciando.

Señala Elrond la nave,

Despedida, impío hado.

El incógnito, la tierra

De los primigenios Valar

Aguarda un tiempo sin tiempo

¿Cómo postrer estirar

aquel último momento?

¿Con qué mirada mirar,

qué decir o no decir;

cuántas lágrimas llorar,

con qué abrazo despedir?

“No los dejo porque quiero”

Frodo en un susurro habló –

“Perpetua herida, perenne

cual el pasado que huyó,

cual tenaz enredadera

mantiene mi alma quebrada.

Querido Sam, he aquí el Libro,

Heredero, amigo mío

Impaciente espera el mar.

Un abrazo. No hay olvido,

Merry, Pippin. No hay lugar

Para una frágil memoria.

Sólo se olvida a quien nunca

En realidad hemos querido

Con un corazón que aflora”

“He de partir. La hora llega

de aquel don tan bienamado,

de la Valinor sagrada,

de la augusta Avallone,

del amor eternizado.

No llores, Sam. No los dejo

Porque quiero. Adiós adiós

A La Comarca. Mi voz

No responde ya, embargada

Las lágrimas la han quebrado.

Una última mirada

Y un último “hasta siempre”

Al abordar su destino

Caminó envuelto en su paz,

De su aura feliz bondad.

Se callan los Puertos Grises.

Frodo se va. Lleva el halo

De la luz sobre la sien.

Palidece, Sam, tu alma

Como el otoño envejece.

Zarpa el adiós. Es la nave

Rumbo al mar, al cielo bueno,

Rumbo a Eru, único y uno

Rumbo al sol, rumbo al silencio,

Rumbo al tiempo que no vuelve.

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