¿Bostezan los Puertos Grises
o sangran rojos desmayos?
No lo sé. Mañana o tarde,
Ellos vienen, cabizbajos.
Ahoga la luz el agua,
Triste partida anunciando.
Señala Elrond la nave,
Despedida, impío hado.
El incógnito, la tierra
De los primigenios Valar
Aguarda un tiempo sin tiempo
¿Cómo postrer estirar
aquel último momento?
¿Con qué mirada mirar,
qué decir o no decir;
cuántas lágrimas llorar,
con qué abrazo despedir?
“No los dejo porque quiero”
– Frodo en un susurro habló –
– “Perpetua herida, perenne
cual el pasado que huyó,
cual tenaz enredadera
mantiene mi alma quebrada.
Querido Sam, he aquí el Libro,
Heredero, amigo mío
Impaciente espera el mar.
Un abrazo. No hay olvido,
Merry, Pippin. No hay lugar
Para una frágil memoria.
Sólo se olvida a quien nunca
En realidad hemos querido
Con un corazón que aflora”
“He de partir. La hora llega
de aquel don tan bienamado,
de la Valinor sagrada,
de la augusta Avallone,
del amor eternizado.
No llores, Sam. No los dejo
Porque quiero. Adiós adiós
A La Comarca. Mi voz
No responde ya, embargada
Las lágrimas la han quebrado.
Una última mirada
Y un último “hasta siempre”
Al abordar su destino
Caminó envuelto en su paz,
De su aura feliz bondad.
Se callan los Puertos Grises.
Frodo se va. Lleva el halo
De la luz sobre la sien.
Palidece, Sam, tu alma
Como el otoño envejece.
Zarpa el adiós. Es la nave
Rumbo al mar, al cielo bueno,
Rumbo a Eru, único y uno
Rumbo al sol, rumbo al silencio,
Rumbo al tiempo que no vuelve.


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