En esto de “fisgonear” en la vida del profesor (cosa que él detestaba), uno se puede encontrar con hechos conmovedores, contestaciones astutas, injusticias, aventuras y una que otra sorpresa, como ésta que hoy quiero compartir con ustedes.
En principio tendría que haber puesto un subtítulo que dijera: ¿Coincidencias hobbíticas?
A todos los que nos apasionan sus escritos sabemos que Tolkien se esmeraba en la creación del carácter y proceder de cada raza de la Tierra Media. Sin duda, tenía predilección por los hobbits, y entre todos ellos, había uno al que quería dar ciertos atributos personales bien marcados de bondad y buenas costumbres. Por supuesto, me refiero a Sam.
Tolkien siempre dejaba en claro que los hobbits no habían surgido de su cabeza a través de lo leído o escuchado, como pretendía un periodista del diario “Observer” que, en una nota dijo que el nombre de dicha raza podía derivar de unos “hombrecitos peludos” vistos en África a quienes los científicos dieron el nombre de “Habit”. El periodista le pidió al maestro que contara de dónde provenía el nombre y origen de este “curioso héroe”; a lo que John respondió:
Como vemos, la ironía siempre estaba en su pluma cuando se trataba de desmenuzar su obra, ¡pobre de nosotros!
Pero… ¿quién se va a amilanar con esto? Así que re-buscando, encontré las cartas en donde cuenta el nombre y el carácter que le quería dar al personaje. Le escribe a Christopher
En otra carta a una lectora pone:
Es increíble pensar que Tolkien le escribiera a una lectora un final alternativo donde en donde Sam sería héroe y mártir.
Hasta aquí, muy interesante, ¿y dónde está la coincidencia hobbítica?
El 13 de marzo de 1956 nuestro honorable profesor recibe una carta de un tal Sam Gamgee de Brixton Road, Londres:
Cinco días después, Tolkien responde:
La carta continúa con la proposición de enviarle los tres tomos firmados “como tributo del autor a la distinguida familia Gamgee”. El 30 de marzo recibe respuesta y la aceptación del ofrecimiento, así que Tolkien le envía “El Señor de los Anillos” cuyo acuse de recibo decía: “Puedo asegurarle que tengo la intención de leerlos”.
Ahora pueden ver el por qué del subtítulo sugerido. ¿Cuántas posibilidades hay de que aparezca un señor con el mismo nombre y apellido de un personaje de ficción? ¿Y cuántas más para que el hombre se comunique con el escritor sin siquiera haber leído su obra?
En una carta posterior a este hecho, le escribe a Christopher:
Para terminar voy a citar una frase de Sam en el Monte del Destino:
¿A quién no le gustaría ser un poco Hobbit y preguntarse qué está pasando cuando en un nuevo día, y a pesar de todo, sale el sol?
En principio tendría que haber puesto un subtítulo que dijera: ¿Coincidencias hobbíticas?
A todos los que nos apasionan sus escritos sabemos que Tolkien se esmeraba en la creación del carácter y proceder de cada raza de la Tierra Media. Sin duda, tenía predilección por los hobbits, y entre todos ellos, había uno al que quería dar ciertos atributos personales bien marcados de bondad y buenas costumbres. Por supuesto, me refiero a Sam.
Tolkien siempre dejaba en claro que los hobbits no habían surgido de su cabeza a través de lo leído o escuchado, como pretendía un periodista del diario “Observer” que, en una nota dijo que el nombre de dicha raza podía derivar de unos “hombrecitos peludos” vistos en África a quienes los científicos dieron el nombre de “Habit”. El periodista le pidió al maestro que contara de dónde provenía el nombre y origen de este “curioso héroe”; a lo que John respondió:
“Sr. No es preciso que me persuada, soy tan susceptible como un dragón a los elogios y de buen grado exhibiría mi chaleco de diamantes y comentaría su fuente, pues el Habit (hábito, más inquisitivo que Hobbit), usted no sólo profesa admirarlo sino que pregunta de dónde lo he sacado. Pero ¿no sería ello más bien injusto con los estudiantes investigadores? Ahorrarles trabajo es robarles la excusa de su existencia”.
Como vemos, la ironía siempre estaba en su pluma cuando se trataba de desmenuzar su obra, ¡pobre de nosotros!
Pero… ¿quién se va a amilanar con esto? Así que re-buscando, encontré las cartas en donde cuenta el nombre y el carácter que le quería dar al personaje. Le escribe a Christopher
“En cuanto a Sam Gamyi, estoy en todo de acuerdo con lo que dices y no soñaría siquiera en alterar su nombre sin tu aprobación… dudo que sea inglés. Sólo tenía conocimiento de él a través de Gamgee (tissue) como se llamó al algodón absorbente al ser inventado por un hombre de ese nombre el siglo pasado. Sin embargo, diría que todo lo que uno imagina del personaje está asociado con ese nombre”¡Es verdad! Sam es perfectamente imaginable como un pompón algodonoso, tiene un carácter sin aristas, adaptable sin perder su esencia, ni su inocencia y así seguirá hasta el final.
En otra carta a una lectora pone:
“Sam fue creado para que lo amen y se rían de él. Irrita a algunos lectores y hasta los enfurece. Puedo entenderlo, todos los hobbits a veces me afectan del mismo modo, aunque sigan gustándome mucho. Sam es un Hobbit muy representativo (…) tiene una cualidad que aún a veces les es difícil soportar a los hobbits, una vulgaridad, una miopía mental orgullosa de sí, una satisfacción vanidosa (en grado diverso)… sólo excepcionalmente encontramos hobbits en íntimo compañerismo, los que tienen un don: una visión de la belleza, una reverencia por cosas más nobles que ellos mismos, en guerra con su rústica autocomplacencia ¡Imagine a Sam sin la educación que le impartió Bilbo y la fascinación por todo lo elfico! … Sam era seguro de sí y en lo íntimo un poquito fatuo, pero su fatuidad había sido transformada por la devoción que sentida por Frodo. No se consideraba heroico, ni siquiera valiente o admirable en ningún sentido, salvo en la lealtad con que servía a su amo…”Después continúa con las posibles acciones de Sam, una me llamó poderosamente la atención:
“Sin duda, a cierta altura no mucho antes del final, habría robado el anillo o lo habría tomado por la fuerza. Pero satisfecha la posesión, creo que se habría sacrificado por Frodo y se habría arrojado 'voluntariamente' al abismo en llamas. Creo que el efecto de su regeneración parcial por amor habría constituido una visión más clara, cuando reclamara el anillo descubriría que no puede con Sauron y sólo puede destruirlo y destruirse y en un fugaz vislumbre habría visto que esto era lo más grande que podía hacer por Frodo…”.
Es increíble pensar que Tolkien le escribiera a una lectora un final alternativo donde en donde Sam sería héroe y mártir.
Hasta aquí, muy interesante, ¿y dónde está la coincidencia hobbítica?
El 13 de marzo de 1956 nuestro honorable profesor recibe una carta de un tal Sam Gamgee de Brixton Road, Londres:
“Espero que no tenga inconveniente en que le escriba, pero en relación con su historia que se transmite como serie por radio… me sentí interesado en cómo llegó a darle nombre a uno de sus personajes llamado Sam Gamgee, pues da la casualidad que así es como me llamo. Yo mismo no he escuchado la historia, pues no tengo radio, pero conozco a algunos que sí lo han hecho… Sé que se trata de ficción, pero es más bien una coincidencia, pues mi nombre no es nada común, aunque muy conocido en la profesión médida”.
Cinco días después, Tolkien responde:
“Fue muy amable al escribir, ¡puede imaginar mi asombro cuando leí su firma! Sólo puedo decir, para su consuelo espero, que 'el Sam Gamgee' de mi historia es un personaje sumamente heroico, amado por muchos lectores, aún cuando sus orígenes son rústicos. De modo que quizás no esté disgustado con la coincidencia… La razón por la que utilizara el nombre es la siguiente: de niño vivía en Birmingham y empleábamos la palabra gamgee por 'lana de algodón', por eso en mi historia la familia Cotton y Gamgee están emparentadas… ¿Conoce alguna tradición acerca del verdadero origen de su distinguido y extraño nombre?”
La carta continúa con la proposición de enviarle los tres tomos firmados “como tributo del autor a la distinguida familia Gamgee”. El 30 de marzo recibe respuesta y la aceptación del ofrecimiento, así que Tolkien le envía “El Señor de los Anillos” cuyo acuse de recibo decía: “Puedo asegurarle que tengo la intención de leerlos”.
Ahora pueden ver el por qué del subtítulo sugerido. ¿Cuántas posibilidades hay de que aparezca un señor con el mismo nombre y apellido de un personaje de ficción? ¿Y cuántas más para que el hombre se comunique con el escritor sin siquiera haber leído su obra?
En una carta posterior a este hecho, le escribe a Christopher:
“¡He recibido una carta de un verdadero Sam Gamgee, de Tooting! No podría haber elegido un lugar que sonara más Hobbit, ¿no es cierto? Aunque en realidad nada parecido a la comarca, temo”.No sé si me asombra más la coincidencia o este último comentario del profesor.
Para terminar voy a citar una frase de Sam en el Monte del Destino:
¡Mire, señor Frodo! dijo Sam. ¡Mire! El viento ha cambiado. Algo ocurre. [El mal] No se va a salir del todo con la suya. Allá en el mundo la oscuridad se desvanece. ¡Me gustaría saber qué está pasando!
¿A quién no le gustaría ser un poco Hobbit y preguntarse qué está pasando cuando en un nuevo día, y a pesar de todo, sale el sol?
Graciela Luinel Sifran






