Al llegar queda claro que Ofelia y su padrastro no se tienen ningún afecto. La salud de Carmen se ve perjudicada durante el viaje, debido a su avanzado embarazo, y es poca o ninguna la atención que pueda prestarle a la niña. En ese entorno afectivo tan pobre, rodeada de guerra y desolación, se vuelve invaluable la compañía del ama de llaves, Mercedes (Maribel Verdú) quien nos regala una admirable actuación.
Mientras el capitán Vidal despliega su crueldad, Ofelia busca refugio en los cuentos de hadas. Una noche se adentra en las ruinas de un laberinto, donde sorpresivamente se encuentra con un fauno (Doug Jones), quien le revela una maravillosa historia referente a su extraordinario origen. Así Ofelia descubre que es la princesa de un mundo subterráneo lleno de magia, y que tiene que superar una serie de pruebas para poder regresar a él.
Dichas pruebas están cargadas de horrendos monstruos y situaciones de peligro, donde descubrimos que la fantasía no es siempre un lugar seguro donde escondernos de la realidad. Aún así el capitán Vidal resulta un villano tan despiadado, que supera cualquier atrocidad surgida de la imaginación.
La fotografía, la música, las ambientaciones, el diseño y la interpretación de las criaturas hacen que trascienda la creatividad del director mejicano Guillermo del Toro. Su excelente manejo del suspenso logra que nos mantengamos con la misma expectación, tanto en las escenas bélicas como en las de fantasía.
Lo maravilloso de esta película es que posee claramente dos lecturas:
Una, donde todo es imaginado por la chica como una vía de escape ante la horrible realidad que le toca vivir. Otra donde efectivamente es la princesa de un mundo mágico y el fauno es la única ayuda para volver a él. Ambas resultan posibles y ninguna se muestra como “única verdad” de manera que es el espectador quien decide finalmente por cuál optar.
Marina "Arien" Abdala


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